Una de cada diez muertes maternas podrían ser evitables con un tratamiento sencillo

La mortalidad materna puede darse por muchos factores. Las más frecuentes son hemorragias e infecciones, pero también puede ocurrir un tromboembolismo pulmonar, que es completamente prevenible y representa uno de cada diez casos. La trombosis es el factor desencadenante tanto en estas situaciones como en una gran proporción de embarazos que no logran llegar a término: la trombofilia es la responsable en dos de cada diez mujeres que tienen abortos espontáneos a repetición y no logran llegar a término con la gestación.

El 13 de octubre se conmemora el Día de Mundial contra la Trombosis y desde el Hospital Durand están llevando adelante una campaña que busca evitar que las mujeres sigan muriendo por esta causa y que más bebés puedan nacer sin complicaciones. Desde hace dos años pusieron en marcha una nueva manera de encarar los partos. La red más importante de contención, según cuenta a Clarín José Omar Latino, jefe de Obstetricia de este centro de salud porteño, fue la puesta en marcha de la tromboprofilaxis y la creación de las denominadas “Zonas de parto seguro”, que se identifican con carteles.

Esta iniciativa comienza por la elaboración de una grilla que todas las mujeres deben completar de manera sencilla antes del parto y de esa forma, por sus antecedentes, los médicos logran saber si deben medicar a las pacientes. Allí atienden unos dos mil partos por año.

La trombosis se produce por la formación de un coágulo que puede ralentizar o bloquear el torrente sanguíneo normal e incluso desprenderse y trasladarse hacia un órgano. Un coágulo que viaja a través de la circulación se denomina «embolia». Suele ser la patología subyacente de un infarto de miocardio, ictus tromboembólico y tromboembolia venosa, las tres principales enfermedades cardiovasculares causantes de muerte.

“Cuando detectamos que una mujer puede tener este trastorno la medicamos con 40 miligramos de heparina por día”, explicó Latino. El tratamiento se sostiene mientras la mujer atraviesa el puerperio, hasta que vuelve a la actividad normal. “En el caso de que la mujer no tenga obra social, en el Durand les damos la medicación de forma gratuita a las que viven en la ciudad de Buenos Aires.

La trombofilia, por su parte, puede ser la causa de muerte del feto porque se interrumpe el flujo sanguíneo a la placenta y, en consecuencia, el de oxígeno. “En los casos de abortos espontáneos a repetición, los médicos evalúan la necesidad de que esas mujeres deban ser tratadas con heparina durante todo su embarazo”, dice el obstetra.

Según los registros médicos, los resultados son notables. “Sólo el 20 por ciento de las mujeres con trombofilia logran llegar a término con sus embarazos sin medicación, mientras que si se les administra heparina logra hacerlo el 85 por ciento”, explica Latino, que además es profesor titular de Obstetricia de la Universidad de Buenos Aires. De esta manera, las pacientes con trombofilia equiparan a través de la medicación a la población que no tiene esta patología.

La trombofilia puede ser congénita o adquirida. La adquirida, que es la más importante, es una enfermedad autoinmune llamada Síndrome Antifosfolipídico. Sus principales características son: presentar antecedente de trombosis arterial o venosa, y/o morbilidad obstétrica como aborto a repetición (3 o más), feto muerto o complicaciones del embarazo como hipertensión, insuficiencia placentaria, parto prematuro, restricción en el crecimiento fetal, desprendimiento de placenta y anticuerpos antifosfolipídicos.
El hospital como factor de riesgo

Sólo en Estados Unidos, hasta 900.000 personas se ven afectadas anualmente por coágulos de sangre y alrededor de 100.000 de ellas mueren. Estas cifras superan a aquellos pacientes que mueren a causa del SIDA, cáncer de mama y accidentes automovilísticos combinados.

Estar en un hospital es un factor de riesgo significativo para desarrollar tromboembolia venosa (TEV). Los pacientes con movilidad reducida debido a reposo, o con politraumatismo, o quienes han sido sometidos a cirugía, tienen más probabilidades de presentar coágulos de sangre. De hecho, hasta un 60% de los casos de TEV ocurre durante o después de una hospitalización, lo que convierte a esta enfermedad en la principal causa de muerte evitable en hospitales.

En un trabajo publicado en la Revista Argentina de Cardiología en abril de este año, que incluyó 684 pacientes de 75 centros, se demostró que el promedio de edad del TEV era de 64 años y el 57% era de sexo femenino. Los factores que predispusieron a la tromboembolia pulmonar se dividieron en aquellos relacionados con el paciente (usualmente permanentes) y con el contexto (usualmente temporales). Entre los primeros destacan obesidad (34%), cáncer activo (22%) y enfermedad tromboembólica venosa previa (18%). Mientras que la hospitalización reciente (34%), reposo transitorio mayor de 72 h (30%) y cirugía reciente (24%) fueron los factores relacionados con el contexto más frecuentes. Solamente 2% de los pacientes no contaba con factores predisponentes para TEV. La mortalidad hospitalaria fue del 12%, principalmente relacionada con el tromboembolismo de pulmón agudo.

Según la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria, “algunas situaciones clínicas favorecen la aparición de TEV, como edad avanzada, insuficiencia cardíaca, reposo prolongado, viajes largos y algunas situaciones genéticas o adquiridas llamadas trombofilias. Además, se considera que determinadas cirugías o procedimientos médicos implican un riesgo mayor de desarrollar TEV. Hablamos de cirugía ortopédica (por ejemplo, cirugía total de cadera o rodilla), cirugía general mayor (especialmente relacionada con el abdomen, la pelvis, la cadera o las piernas), cirugía ginecológica mayor, cirugía urológica, neurocirugía, cirugía cardiotorácica, cirugía vascular periférica mayor y quimioterapia para el tratamiento del cáncer”.

Fuente Clarin.com

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